Muy buenas, Lenguarados
Hace tiempo que quiero pasarme por aquí porque son muchas las cosas que tengo en el tintero (reflexiones, material, herramientas, "homenajes"... ) y que estoy deseando dar forma en mi pequeño espacio... Bueno, nuestro pequeño espacio ya que es un lugar compartido sin duda alguna. Algunas de las múltiples "ideas" que guardo, incluso las tengo en borrador para modificar y listos... pero claro, volvemos a lo de siempre: la falta de tiempo mezclada con un poco de pereza (lo admito), impide que escriba con toda la fluidez que desearía. Eso ¡¡y el ser una "rollera" de tres pares de narices!! Que se tarda un rato en juntar tantas letras, no vayáis a pensar... Pero bueno... dejémonos de idas y venidas que luego como veis, me quejo de ser "rollera" y ya estaba empezando a hacer madejas... Así que vayamos al grano...
Esta noche me he acercado al blog porque como muchos sabéis, hace "poco" que he empezado el curso escolar. También sé que muchos de vosotros recién habéis estrenado el curso académico 2012-2013. Por eso, me parecía imprescindible DESEAROS (y a mí misma también, por qué no) UN MARAVILLOSO CURSO NUEVO. No sé para vosotros, pero para mí, desde chiquitita sentía (y siento) que cada año tiene dos despedidas y dos bienvenidas. Digamos que eran como dos ciclos en uno... El primero iniciaba en septiembre y finalizaba en junio, y el otro tenía una fecha más especial como es fin de año - año nuevo, el clásico 31 de diciembre - 1 de enero. Momentos de reflexiones, sin duda alguna, de nuevos propósitos, proyectos y anhelos. Esta vez, pese a mis ya 30 añazos, no iba a ser distinto, hay muchas cosas que sigo conservando de esa niña que tengo y siento dentro de mí. Supongo que eso es así porque siempre me he negado a "liquidar" del todo a esa pequeñuela... como muchos de nosotros, digo yo.
Bueno, a lo que iba... Para mí el año escolar pasado supuso muchas cosas... Retomar los estudios después de finalizar filología hace tanto tiempo, suponía un reto que en cierta manera me acomplejaba. Me lo tomé en serio, quizás demasiado, e incluso en ocasiones pagué un precio un tanto caro. Admito que en parte no me arrepiento, me apasionaba lo que estudiaba (y aún sigo igual... bueno, no... sigo parecido...) y tenía la sensación de que todas las horas del mundo eran pocas para poder dedicárselas a una carrera tan bonita como es magisterio. Me imaginaba preparando clases a niños imaginarios... bueno, también di clase a unos que ya no eran ni tan niños ni imaginarios... Todo tuvo cabida... menos cuidarme, y por ende, tener una vida personal-social en condiciones. De ahí que antes os comentara que tuve que pagar un precio un tanto caro. Eso sí, no diré que fue un error todo lo vivido ¡ni mucho menos! Además, de todo se aprende... Pero sí digo, afirmo y mantengo que no se volverá a repetir. He reflexionado mucho sobre ello este verano...
Empiezo este año un curso nuevo con sus nuevas asignaturas, compañeros y docentes... con energías renovadas... y con la ventaja de haber vivido un añito, que aunque parece poca experiencia, es la suficiente para darme cuenta de que no todas las asignaturas me servirán el día de mañana (si es que puedo impartir clase) y que desviviéndome por ellas lo único que hago es restar tiempo a otros menesteres, incluso a mí misma. Que el tiempo pasa, pero no simplemente por el verbo pasar... y que este ya no vuelve... Que todo tiene que tener su sitio, su momento... Que es realmente vital el cuidarse una misma y sobre todo a algo tan maravilloso como es la vida. Magisterio me llena, mucho, pero no lo es todo, ni mucho menos. Por eso, he hecho un trato conmigo misma: las asignaturas que me aporten, que vea que pueden servir y mucho para un mañana docente, me volcaré en ellas, las exprimiré completamente para beber un rico zumo revitalizante... eso sí, sin empachos ni atragantamientos; las que no, me las tomaré como lo que quizás realmente sean, un mero trámite para conseguir un objetivo final, el título.
Empiezo este año un curso nuevo con sus nuevas asignaturas, compañeros y docentes... con energías renovadas... y con la ventaja de haber vivido un añito, que aunque parece poca experiencia, es la suficiente para darme cuenta de que no todas las asignaturas me servirán el día de mañana (si es que puedo impartir clase) y que desviviéndome por ellas lo único que hago es restar tiempo a otros menesteres, incluso a mí misma. Que el tiempo pasa, pero no simplemente por el verbo pasar... y que este ya no vuelve... Que todo tiene que tener su sitio, su momento... Que es realmente vital el cuidarse una misma y sobre todo a algo tan maravilloso como es la vida. Magisterio me llena, mucho, pero no lo es todo, ni mucho menos. Por eso, he hecho un trato conmigo misma: las asignaturas que me aporten, que vea que pueden servir y mucho para un mañana docente, me volcaré en ellas, las exprimiré completamente para beber un rico zumo revitalizante... eso sí, sin empachos ni atragantamientos; las que no, me las tomaré como lo que quizás realmente sean, un mero trámite para conseguir un objetivo final, el título.
Con esto, no quiero decir que pase... no soy pasota, nunca lo he sido... y conociéndome, sé que antes que convertirme por primera vez en doña pasotismos, quizás vuelva a pecar de perfeccionista y trabajadora, no digo yo que no, pero también mantengo que intentaré por todos los medios que no sea así, y que este propósito de curso nuevo, sea realizable, como muuuuchos otros propósitos que he tenido a lo largo de mi vida y que he cumplido.

Así que lo dicho...
Feliz curso nuevo, asignaturas nuevas, caras nuevas, agenda nueva, pupitre nuevo... pensamientos nuevos, sentimientos nuevos, propósitos nuevo...
¡Feliz año nuevo Lenguarados!...